Volveré
a hallar el secreto de las grandes comunicaciones y de las grandes
combustiones. Diré tormenta. Diré río. Diré tornado. Diré hoja. Diré árbol.
Seré mojado por todas las lluvias, humedecido por todos los rocíos. Rodaré como
sangre frenética sobre la lenta corriente del ojo de las palabras de los
caballos locos en niños lozanos en coágulos en tapaderas en vestigios de templo
en piedras preciosas lo suficientemente lejos para desalentar a los mineros.
Quien no me comprenda tampoco comprenderá el rugido del tigre.
Aimé Césaire
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