(El
fruto de la carne y el espíritu)
Nos estrujamos los huesos para evitar la tristeza
en la mansedumbre de las penínsulas de la noche donde
tu madre nos dejó
vendrán lluvias a comer de lo que plantes
como soles negros dilatándose en el corazón de un
venado
como los años atestados de alcanfor por la ancianidad
ineludible
como nuestros nombres a punto de extinguirse
rescribiéndonos en el helio y la fusión cristalina de
las olas solares
desencantados
desconectados de la inhalación espiritual
animales sagrados consumados en el parto
porque mi masculinidad es un delgado trazo de luz
una predecible tormenta de escarabajos
aunque pretenda ser un gran felino orgulloso lo único de
lo que puedo estar orgulloso es de ti
mi estigma de mercurio en el corazón de los gigantes
bisontes de la pesadilla
comeremos de las lunas
comeremos de pie
con el agua hasta los tobillos agonizando por la
cosmogonía implantada
perteneciente a los ríos láser de la inmoderación
noche tras noche bebiendo solo
noche tras noche bailando solo
así eternamente
porque perdimos demasiado tiempo queriendo descubrir lo
evidente
una vez al año deberíamos despojarnos de la vida para
que no nos duela tanto
de este corazón geométrico y el embravecido manantial
que representas
maremotos lamiendo nuestras vertebras de uva
la lluvia como néctar alimentándonos
cada día recuerdo tu rostro y tus pataditas como si aún
siguiese embarazado de ti
porque de alguna forma no has salido de mi útero
ni tampoco los salmos ocultos de las nubes o el gran
sexo de dios brillando como luciérnaga
y su armonía de nieve derretida
indescifrable
incomprensible
hay una cascada saliendo de ti que esconde un cofre
donde está la luz más antigua
las tormentas de arena iluminan mi laringe
mi carne implora la embestida
somos pequeñas aves triste
Diego
somos ciclones indomables
somos el contoneo del agua buscando aparearse con el
gruñido de la generación mercenaria
estamos vagando en las aletas de un tiburón celestial
el universo vorágine cancerígeno
se expande y contrae según el capricho de los astros
borrachos
el universo dentro del universo como un verso mal escrito
la vida es un árbol con el que construiremos las naves
de los dioses
fruto anacrónico de los eclipses
fruto arrullado en la idolatría de mi inacabado sexo
cantaremos canciones hermosas
las que nuestros padres nos enseñaron
mientras los elefantes destruyen la realidad
celosos del hueso cardiaco que mantiene girando el
mundo
desafiaremos a los vendavales cuando vengan a buscarnos
aunque estemos muertos de miedo
arremeteremos aunque estemos diseccionados
con un corazón de agua que encontramos en las raíces de
los libros
con la centésima muestra de amor que te di durante mi
colapso mental
jugar como se juega con la estratósfera
emanciparnos
encallar
te extraño
tener un sol
sembrar hijos y en sus ojos procrear mares
[El lenguaje de las nubes - Tercer capítulo de Caelum]
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