lunes, 30 de marzo de 2015

El día que morimos en Nizanda




para Paola Llamas Dinero
segunda charra negra borracha



Nunca creímos en las enfermedades ni en contar los pasos mientras bailamos Somos demasiados insolentes para seguir escribiendo poemas de amor Ahora nosotros seremos escritos como poemas de amor pirómanos Como niños anémonas a punto de incendiar el librero de papá Ni sabiendo la fecha del apocalipsis nos arrepentiremos Es más Sacaremos los revólveres Andaremos por la calle leyendo haikus en voz alta Le dispararemos a quien haga una mueca de desagrado Véannos rechazando todo y a todos A nosotros mismos La contradicción nos da placer Nos tatuamos el día que enterramos a Mariana El día que nos emborrachamos y perdimos la nomenclatura de los sueños en la traslación del lenguaje y en los nidos que cayeron El día que dejamos de ser adolescentes y nos volvimos una serpiente de cascabel tan negra como la noche Nos han premiado por cosas que nada tienen que ver con la poesía Me viste desplomándome en cientos de charcos como un pandorga perforada Me reparaste Me llevaste a volar y cuando el hilo que nos unía se rompió entendimos qué es la poesía Un canario nació de tu muslo derecho Un volcán nació de tu muslo izquierdo y ese terrible pánico de volver a escribir si ya no creo en las palabras Ya no creo en los versos Creo en las aves y en su lenguaje que es un ir y venir de la muerte Creo en los manantiales porque ya no distingo dónde termina mi cuerpo y dónde inicia el agua Creo en las fiestas donde deseábamos estallar como el beso de nuestros amigos borrachos Creo en los viajes porque siempre queremos irnos para no dejar recuerdos Creo en los amigos porque son agua caliente donde puedes meter cada parte de tu cuerpo y al sacarla habrá un animal de sangre queriendo devorar todo Nos perderemos en los desiertos buscando a nuestros hijos A los planetas en los ojos de nuestros hijos Un señor nos dijo que hacíamos una hermosa pareja Nos reímos tanto que perdimos el sentido Nos levantamos y empezamos a patear estrellas como queriendo deslindarnos de la literatura de la carne y su sexo Como queriendo prenderle fuego a golpes a todo Este es nuestro color Nuestra nota musical Este es nuestro fonema Nuestro destino Dejaremos la puerta abierta Que entre la corriente de los mares Que erosione el lenguaje y los huesos Que entren nuestros hijos y nuestros ancestros Las pirámides que nos arrancamos del costado Las parvadas de nubes y sus orgasmos eléctricos Los premios en formas de corazones hechos de roca Nunca hubo una sola persona que nos diera referencia de dónde estábamos y a dónde íbamos Sólo fantasmas y sus mascotas aullando Y nos vimos solos en ese árido paisaje oaxaqueño Cruzamos ríos en el viejo auto y caminamos hasta que la noche nos alcanzó Hasta que un hombre que venía de patear estrellas nos leyó poemas que nunca entendimos El viento nos pronunciaba todas las oraciones animales Buscamos una cueva donde refugiarnos Encontramos a Mariana besando nuestros nacimientos Mariana es nuestra cueva de aromas Sus largas piernas sostienen el cielo Engendrará manicomios donde dormiremos pasiblemente toda la otra vida La vida de los sueños Decidimos enterrar nuestro corazón en ese lugar Estoy a punto de romperme en plumas y escribirte un manifiesto de aves Un manifiesto de sueños Estoy a punto de romperme el cuello y escribirte una carta de huesos Una carta en llamas Porque la poesía es incendiar todo y a todos Hasta nosotros mismos



(25 marzo del 2015 / Coatzacoalcos, Veracruz, México)

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