La noche de Marina
Sueños 6. Larisa
a Angélica Cruz
Diego
No tu nacimiento ni tu muerte que son la misma inmensidad de la noche No las mariposas arrancándose las
alas para condimentar la sopa No tu nombre que es la lluvia ni la última letra
del alfabeto de las nubes No la máquina de escribir poseída por los dinosaurios
que le sembramos cuando era un jardín No
los árboles que aventábamos al aire como avioncitos de papel No son tus ojos o
tus sueños que son el mismo único continente desplazándose por mi corazón No la
casa donde tantos navíos perecieron No las aves que llegaban a alimentarse de
sus cuerpos llenos de flores No patear estrellas y envejecer No la escritura
sino la reescritura Y cuando digo RE quiero que se lea: Bailar descalzo sobre
tormentas eléctricas Y cuando digo ESCRITURA quiero que se lea: Dos libélulas
entraron a la casa Una se llamaba Día y la otra Noche Cantaban y se llenaban
los ojos con semillas de girasol Cuando empezaban a volar en círculos una tras
la otra es como para nosotros besarse Ellas ya entendieron qué significa besar
Y que el contorno de las hojas que no han caído son libros que se están
escribiendo Lo sé porque esos libros son garzas dibujadas en las paredes
húmedas de mis sueños Para entenderlo tendrás que reunir con las manos rotas a
todas las aves a las que guiarás a una isla que se encuentra en el centro del
océano Esa isla está escrita con el sexo de los abedules Esta isla es una nave
escrita con caballos amarillos Esta isla está en el centro de una página de este poema pintado con las cuerdas bucales
de los delfines Diego arráncate el corazón Vuélvete una ballena Viaja al centro
de los desiertos Y besa a todas las aves Tus besos curan todo
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