viernes, 18 de octubre de 2013

La noche de Marina

Sueños 6. Larisa


a Angélica Cruz


Diego No tu nacimiento ni tu muerte que son la misma inmensidad  de la noche No las mariposas arrancándose las alas para condimentar la sopa No tu nombre que es la lluvia ni la última letra del alfabeto de las nubes No la máquina de escribir poseída por los dinosaurios que le sembramos cuando era un jardín  No los árboles que aventábamos al aire como avioncitos de papel No son tus ojos o tus sueños que son el mismo único continente desplazándose por mi corazón No la casa donde tantos navíos perecieron No las aves que llegaban a alimentarse de sus cuerpos llenos de flores No patear estrellas y envejecer No la escritura sino la reescritura Y cuando digo RE quiero que se lea: Bailar descalzo sobre tormentas eléctricas Y cuando digo ESCRITURA quiero que se lea: Dos libélulas entraron a la casa Una se llamaba Día y la otra Noche Cantaban y se llenaban los ojos con semillas de girasol Cuando empezaban a volar en círculos una tras la otra es como para nosotros besarse Ellas ya entendieron qué significa besar Y que el contorno de las hojas que no han caído son libros que se están escribiendo Lo sé porque esos libros son garzas dibujadas en las paredes húmedas de mis sueños Para entenderlo tendrás que reunir con las manos rotas a todas las aves a las que guiarás a una isla que se encuentra en el centro del océano Esa isla está escrita con el sexo de los abedules Esta isla es una nave escrita con caballos amarillos Esta isla está en el centro de una página  de este poema pintado con las cuerdas bucales de los delfines Diego arráncate el corazón Vuélvete una ballena Viaja al centro de los desiertos Y besa a todas las aves Tus besos curan todo 

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